The Cure: Atrapados en la telaraña

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La prensa musical británica —capaz de elevar al estrellato a un grupo como de estrellarlo a la semana siguiente— no se ha prodigado demasiado en elogios, ante la nueva obra de The Cure. Sin embargo, a Robert Smith le trae sin cuidado lo que opinen; hubiera sido demasiado fácil seguir las pautas comerciales explotadas en su anterior elepé «Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me».

Por el contrario y, teniendo en cuenta que The Cure siempre ha tenido su público, no es de extrañar que hayan vuelto a sus orígenes más siniestros. «Disintegration», es un gran álbum que revive el pasado oscuro de Robert —allá por 1984, durante la grabación del álbum «The Top»— dentro del mundo de las drogas; sus estrías parecen ahora rebosar el preciado vino que le acompaña cada fin de semana al lado de su esposa Mary (su novia desde los doce años).

Durante todo el disco, la voz de Robert se muestra susurrante, casi un dulce canturreo: «Lullaby» (Canción de cuna), es el tema estrella; bien, de acuerdo, «Lullaby» no es precisamente el arrullo que consigue hacerte dormir plácidamente, más bien te produce un insomnio de mil demonios con su quedo retumbar de tambor acompañado de un serpenteante órgano —digno de una película de terror— que te va envolviendo poco a poco… pero ¡qué canción, tío!—, y para inmortalizar las neuras del Robert, quién mejor que Tim Pope realizaría esos vídeos tan espectaculares (ha filmado casi todos los de la banda); con un presupuesto de 80.000 libras y dos días de trabajo, ha ejecutado el vídeo de «Lullaby» —su más angustiante y efectivo vídeo clip desde «Ciose To Me», ¿recuerdas aquél en que están dentro de un armario?.—, con una gigantesca araña de goma que se «merienda» al Robert al final del mismo.

Los formatos de la última entrega de The Cure, se han sucedido uno tras otro con cuidada precisión: primero el single (promocional, sigo sin entender por qué no se editan singles en España) acompañado del espeluznante vídeo; luego el maxi-single con dos temas de fuerte calibre: «Babble» (con berreos infantiles, palmas y vuelta al ruedo incluidos) y «Out Of Mind» (guitarras y teclados mantienen una lucha entrelazada casi épica); y por fin, el álbum citado «Disintegration» que les devuelve a sus más perversos fans con temas cargados de ese feeling que tan sólo The Cure puede musicalizar: multitud de teclados y guitarras van tejiendo una telaraña sonora, aderezada con una batería galopante e hipnótica.

«Plainsong», uno de los temas más largos del disco, puede convertirse en su próximo himno de batalla; «Closedown», revisita los cánones anotados en «Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me», mientras que «Players For Rain» y «Disintegration» te recuerdan que la desintegración nunca se convertirá en realidad mientras Robert Smith lidere la Cura: Lol Tolhurst ha sido invitado a largarse del grupo.

Estoy contento, Robert y sus huestes me han reintegrado la cura que necesitaba, y a ti también, si eras un adicto a ella; y si por el contrario tú no estabas convencido del todo, corre raudo y veloz a verlos el día 21 que vuelven por aquí; no tengas cuidado, que ya verás cómo te enganchas.

© Juan Manuel Escrihuela & Revoluciones por Minuto

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